jueves, 2 de julio de 2009

desde uruguay...

nuestra corresponsal sanguinolea malaleche estuvo fuera y escribio algo muy power, merece la pena ponerlo aunque este desfasado.

Crónica de una peruana en Asunción

Estoy embarazada de Lugo

No, no es parte del titular de esta mañana, tal vez de boca de una o dos, o tres o doce o diecisiete mujeres de Asunción; la cuenta del imaginario colectivo y esperado, varía proporcionalmente al estado de ánimo y el lugar donde comenten los asuncenos el curioso incremento, casi en progresión geométrica, de la familia presidencial; es una realidad: yo estoy embarazada de Lugo.

El primer síntoma de el embarazo fueron las nauseas, tan comunes en estos casos, justo como reacción del cuerpo frente al ente extraño que provoca cambios en nuestra anatomía y Lugo, la mañana del miércoles mientras escuchaba la noticia de su segundo hijo en televisión; en el momento exacto en el que creía que iba a reponerme del primero ya reconocido y la parte episcopal de mi corazón dejaría de sufrir, me dio nauseas; tantas que perdí el apetito frente a los ñoquis en salsa rosada que Madeleine “el mejor sabor de la ciudad” como reza el slogan que Andrés repite cada programa, había mandado hasta mi mesa en canal 2.

Se perfectamente que no soy la única viviendo o sobreviviendo este embarazo, es más la gran parte de la población paraguaya esta muchísimo más embarazada que yo, lo sé por las sonrisas sarcásticas, por el tono jocoso de las conversaciones que tocan el tema, por la sorna de la “Lugo cumbia” y es que como todo buen arlequín o buen actor acostumbrado a los desaires, en su propia amargura; el cómico sólo ríe, sólo hace una broma para evitar llorar; esa risa burlona de mis compañeros paraguayos, la sonrisa que me muestran cuando tocamos el tema es una máscara para no dejarse abatir con sentimientos quien sabe si más o menos dignos que la actuación.

Este es un embarazo colectivo y no es una broma aprovechando la curiosa analogía que nos ha permitido descubrir la fertilidad del entonces obispo de San Pedro: el Paraguay, la gente que nutre al país, Latinoamérica y seguramente una parte que hasta ahora permanece silenciosa pidiendo el lavatorio de agua para unas manos ya acostumbradas a estos enceres en Roma también se siente afectada y es que Lugo nos ha embarazados a todas y a todos, nos ha avergonzado, nos ha dejado en cinta de desencanto, rabia y resignación , y me expreso como afectada, como extranjera con mucha suerte que reside unos meses paradisiacos en este país de la gente amable y la naturaleza imparable que brota entre las veredas; escribo como parte de esta América porque el caso de un hijo no reconocido de un presidente, de un sacerdote, de un ministro, empresario, del vecino del barrio no me es ajeno, ni a mi país, ni a mi pueblo y es que creo firmemente que Latinoamérica es a pesar de sus fronteras y nombres distintos un solo pueblo, un ente unido que siente, comparte y sufre las mismas decepciones, que se desangra con los mismos dolores y sufre las mismas enfermedades especialmente en lo que se refiere a autoridades.

En este punto crucial del embarazo, me asalta una duda, una angustia, un desasosiego, un miedo que miedoso en si mismo avanza a hurtadillas inteligentemente rodeando mi mente, esperando un descuido para poder tomarla por sorpresa y es que aún sabiendo que este embarazo es compartido, no sé si el fruto se pierda en el camino. Quisiera saber si la semilla concebida en desengaño y fingida apatía, que da sus pequeñas pataditas en titulares de diarios y comentarios de prensa, en el mensaje de texto que circula con el “padre nuestro” versión “hijos de Lugo” y todos los comentarios por los pasillos de la facultad, llorará al nacer. Intento imaginar utópicamente que daremos a luz todos los seres embarazados y afectados un mismo niño: hijo de Lugo, hijo de García, hijo de Chávez, hijo de Morales, hijo del ministro, el empresario, el vecino, de Roma y del hombre; hijo de la falsa sonrisa que sirve para ocultar la vergüenza, para evitar llorar, para que simplemente deje de doler, hijo de lo oculto, del silencio, de la espera, hijo de la rabia, hijo de los furores que se van pudriendo dentro nuestro, de las ganas de cambiarlo todo; hijo que con su fuerte llanto derribará por fin las murallas de la resignación y se hará escuchar por todos y por todas; hijo revolucionario que quiere ser reconocido y aceptar que nos embarazamos de resentimiento por descuido, por resignación y que es tiempo de evitarlo.

Sin embargo temo y temo mucho que el niño utópico muera en el camino absorbido por algún escándalo de turno o por el circo que se puede hacer exponiendo a los niños de carne y hueso, separándolos, tomándolo como anécdota y dejando que nuestra negación termine negando nuestra concepción; temo que el miedo a encarar la responsabilidad y el dolor de una frustración haga que el cómico termine viviendo en la comedia y el niño sea silenciado cuando nazca y se le enseñe como se enseño todos los demás niños de América, los niños de conciencia y los de carne que hay que guardar silencio para estar tranquilos y que para conseguir el derecho que debería venir inherente a la existencia como el reconocimiento, el respeto o la expresión hay que luchar mucho y soportar mucho también. No, no sólo es parte del titular de esta mañana: Yo estoy embarazada de Lugo.


sábado, 27 de junio de 2009

confesion!


estimados lectores carnerita se ha vuelto FACU
xq le hicieron una oferta que no pudo rechazar, xq analizo las opciones y si era preciso tirar para un lado facu le parecio la mejor opcion...
mentira... aun lo estoy analizando.
por eso pregunto, ¿seguiremos con la campaña este año?
ya se vienen las elecciones...
no kiero verte muerto desde adentro

sábado, 8 de noviembre de 2008

El Sexo según Isabel Allende

Bueno, aquí Al Pyro, trayéndoles algo que no es de mi autoría, pero si de una genia de las letras. Espero les guste, aunq pueda verse largo, lo recomiendo.
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El sexo según Isabel Allende

Mi vida sexual comenzó temprano, más o menos a los cinco años, en el kindergarten de las monjas ursulinas, en Santiago de Chile. Supongo que hasta entonces había permanecido en el limbo de la inocencia, pero no tengo recuerdos de aquella prístina edad anterior al sexo. Mi primera experiencia consistió en tragarme casualmente una pequeña muñeca de plástico.

-Te crecerá adentro, te pondrás redonda y después te nacerá un bebé - me explicó mi mejor amiga, que acababa de tener un hermanito.
¡Un hijo! Era lo último que deseaba.
Siguieron días terribles, me dio fiebre, perdí el apetito, vomitaba. Mi amiga confirmó que los síntomas, eran iguales a los de su mamá. Por fin una monja me obligó a confesar la verdad.
-Estoy embarazada -admití hipando.
Me vi cogida de un brazo y llevada por el aire hasta la oficina de la Madre Superiora.

Así comenzó mi horror por las muñecas y mi curiosidad por ese asunto misterioso cuyo solo nombre era impronunciable: sexo.
Las niñas de mi generación carecíamos de instinto sexual, eso lo inventaron Master y Johnson mucho después. Sólo los varones padecían de ese mal que podía conducirlos al infierno y que hacía de ellos unos faunos en potencia durante todas sus vidas.

Cuando una hacía alguna pregunta escabrosa, había dos tipos de respuesta, según la madre que nos tocara en suerte. La explicación tradicional era la cigüeña que venía de París y la moderna era sobre flores y abejas. Mi madre era moderna, pero la relación entre el polen y la muñeca en mi barriga me resultaba poco clara.

A los siete años me prepararon para la Primera Comunión.

Antes de recibir la hostia había que confesarse. Me llevaron a la iglesia, me arrodillé detrás de una cortina de felpa negra y traté de
recordar mi lista de pecados, pero se me olvidaron todos.

En medio de la oscuridad y el olor a incienso escuché una voz con acento de Galicia.
-¿Te has tocado el cuerpo con las manos?
-Sí, padre.
-¿A menudo, hija?
-Todos los días...
-¡Todos los días!¡Esa es una ofensa gravísima a los ojos de Dios, la pureza es la mayor virtud de una niña, debes prometer que no lo harás más!
Prometí, claro, aunque no imaginaba cómo podría lavarme la cara o cepillarme los dientes sin tocarme el cuerpo con las manos. (Este traumático episodio me sirvió para "Eva Luna", treinta y tantos años más tarde. Una nunca sabe para qué se está entrenando).

Nací al sur del mundo, durante la Segunda Guerra Mundial en el seno de una familia emancipada e intelectual en algunos aspectos y casi paleolítica en otros.

Me crié en el hogar de mis abuelos, una casa estrafalaria donde deambulaban los fantasmas invocados por mi abuela con su mesa de tres patas.

Vivían allí dos tíos solteros, un poco excéntricos, como casi todos los miembros de mi familia. Uno de ellos había viajado a la India y le quedó el gusto por los asuntos de los fakires, andaba apenas cubierto por un taparrabos recitando los 999 nombres de Dios en sánscrito.

El otro era un personaje adorable, peinado como Carlos Gardel y amante apasionado de la lectura. (Ambos sirvieron de modelos -algo exagerados, lo admito-para Jaime y Nicolás en "La casa de los espíritus").

La casa estaba llena de libros, se amontonaban por todas partes, crecían como una flora indomable, se reproducían ante nuestros ojos.
Nadie censuraba o guiaba mis lecturas y así leí al Marqués de Sade, pero creo que era un texto muy avanzado para mi edad el autor daba por sabidas cosas que yo ignoraba por completo, me faltaban referencias elementales.

El único hombre que había visto desnudo era mi tío, el fakir, sentado en el patio contemplando la luna y me sentí algo defraudada por ese pequeño apéndice que cabía holgadamente en mi estuche de lápices de colores. ¿Tanto alboroto por eso?

A los once años yo vivía en Bolivia. Mi madre se había casado con un diplomático, hombre de ideas avanzadas, que me puso en un colegio mixto. Tardé meses en acostumbrarme a convivir con varones, andaba siempre con las orejas rojas y me enamoraba todos los días de uno diferente.
Los muchachos eran unos salvajes cuyas actividades se limitaban al fútbol y las peleas del recreo, pero mis compañeras estaban en la edad de medirse el contorno del busto y anotar en una libreta los besos que recibían. Había que especificar detalles: quién, dónde, cómo. Había algunas afortunadas que podían escribir:" Felipe, en el baño, con lengua."
Yo fingía que esas cosas no me interesaban, me vestía de hombre y me trepaba a los árboles para disimular que era casi enana y menos sexy que un pollo.

En la clase de biología nos enseñaban algo de anatomía y el proceso de fabricación de los bebés, pero era muy difícil imaginarlo.
Lo más atrevido que llegamos a ver en una ilustración fue una madre amamantando a un recién nacido.

De lo demás no sabíamos nada y nunca nos mencionaron el placer, así es que el meollo del asunto se nos escapaba ¿por qué los adultos hacían esa cochinada?

La erección era un secreto bien guardado por los muchachos, tal como la menstruación lo era por las niñas. La literatura me parecía evasiva y yo no iba al cine, pero dudo que allí se pudiera ver algo erótico en esa época.

Las relaciones con los muchachos consistían en empujones, manotazos y recados de las amigas: dice el Keenan que quiere darte un beso, dile que sí pero con los ojos cerrados, dice que ahora ya no tiene ganas, dile que es un estúpido, dice que más estúpida eres tú y así nos pasábamos todo el año escolar.

La máxima intimidad consistía en masticar por turnos el mismo chicle.
Una vez pude luchar cuerpo a cuerpo con el famoso Keenan, un pelirrojo a quien todas las niñas amábamos en secreto.

Me sacó sangre de narices, pero esa mole pecosa y jadeante aplastándome contra las piedras del patio, es uno de los recuerdos más excitantes de mi vida.

En otra ocasión me invitó a bailar en una fiesta. A La Paz no había llegado el impacto del rock que empezaba a sacudir al mundo, todavía nos arrullaban Nat King Cole y Bing Crosby (¡Oh, Dios! ¿Era eso la prehistoria? ).

Se bailaba abrazados, a veces chic-to-chic, pero yo era tan diminuta que mi mejilla apenas alcanzaba la hebilla del cinturón de cualquier joven normal.

Keenan me apretó un poco y sentí algo duro a la altura del bolsillo de su pantalón y de mis costillas. Le di unos golpecitos con las puntas de los dedos y le pedí que se quitara las llaves, porque me hacían daño. Salió corriendo y no regresó a la fiesta. Ahora, que conozco más de la naturaleza humana, la
única explicación que se me ocurre para su comportamiento es que tal vez no eran las llaves.

En 1956 mi familia se había trasladado al Líbano y yo había vuelto a un colegio de señoritas, esta vez a una escuela inglesa cuáquera, donde el sexo simplemente no existía, había sido suprimido del universo por la flema británica y el celo de los predicadores. Beirut era la perla del Medio Oriente.
En esa ciudad se depositaban las fortunas de los jeques, había sucursales de las tiendas de los más famosos modistos y joyeros de Europa, los Cadillac con ribetes de oro puro circulaban en las calles junto a camellos y mulas.
Muchas mujeres ya no usaban velo y algunas estudiantes se ponían pantalones, pero todavía existía esa firme línea fronteriza que durante milenios separó a los sexos.

La sensualidad impregnaba el aire, flotaba como el olor a manteca de cordero, el calor del mediodía y el canto del muecín convocando a la oración desde el alminar. El deseo, la lujuria, lo prohibido...
Las niñas no salían solas y los niños también debían cuidarse. Mi padrastro les entregó largos alfileres de sombrero a mis hermanos, para que se defendieran de los pellizcos en la calle.
En el recreo del colegio pasaban de mano en mano foto-novelas editadas en la India con traducción al francés, una versión muy manoseada de "El amante de Lady Chaterley" y pocket-books sobre orgías de Calígula.
Mi padrastro tenía "Las "Mil y Una Noches" bajo llave en su armario, pero yo descubrí la manera de abrir el mueble y leer a escondidas trozos de esos magníficos libros de cuero rojo con letras de oro.
Me zambullí en el mundo sin retorno de la fantasía, guiada por huríes de piel de leche, genios que habitaban en las botellas y príncipes dotados de un inagotable entusiasmo para hacer el amor.
Todo lo que había a mi alrededor invitaba a la sensualidad y mis hormonas estaban a punto de explotar como granadas, pero en Beirut vivía prácticamente encerrada.
Las niñas decentes no hablaban siquiera con muchachos, a pesar de lo cual tuve un amigo, hijo de un mercader de alfombras, que me visitaba para tomar Coca-Cola en la terraza.
Era tan rico, que tenía motoneta con chófer. Entre la vigilancia de mi madre y la de su chófer, nunca tuvimos ocasión de estar solos.
Yo era plana. Ahora no tiene importancia, pero en los cincuenta eso era una tragedia, los senos eran considerados la esencia de la feminidad. La moda se encargaba de resaltarlos: sweater ceñido, cinturón ancho de elástico, faldas infladas con vuelos almidonados.

Una mujer pechugona tenía el futuro asegurado. Los modelos eran Jane Mansfield, Gina Lollobrigida, Sofía Loren. Qué podía hacer una chica sin pechos? Ponerse rellenos.
Eran dos medias esferas de goma que a la menor presión se hundían sin que una lo percibiera. Se volvían súbitamente cóncavos, hasta que de pronto se escuchaba un terrible plop-plop y las gomas volvían a su posición original, paralizando al pretendiente que estuviera cerca y sumiendo a la usuaria en atroz humillación.
También se desplazaban y podía quedar una sobre el esternón y la otra bajo el brazo, o ambas flotando en la alberca detrás de la nadadora.
En 1958 el Líbano estaba amenazado por la guerra civil.
Después de la crisis del Canal de Suez se agudizaron las rivalidades entre los sectores musulmanes, inspirados en la política pan arábiga de Gamal Abder Nasser, y el gobierno cristiano.
El Presidente Camile Chamoun pidió ayuda a Eisenhower y en julio desembarcó la VI Flota norteamericana.
De los portaaviones desembarcaron cientos de marines bien nutridos y ávidos de sexo. Los padres redoblaron la vigilancia de sus hijas, pero era imposible evitar que los jóvenes se encontraran.
Me escapé del colegio para ir a bailar con los yanquis. Experimenté la borrachera del pecado y del rockn'roll. Por primera vez mi escaso tamaño resultaba ventajoso, porque con una sola mano los fornidos marines podían lanzarme por el aire, darme dos vueltas sobre sus cabezas rapadas y arrastrarme por el suelo al ritmo de la guitarra frenética de Elvis Presley.
Entre dos volteretas recibí el primer beso de mi carrera y su sabor a cerveza y a Ketchup me duró dos años.
Los disturbios en el Líbano obligaron a mi padrastro a enviar a los niños de regreso a Chile. Otra vez viví en la casa de mi abuelo.
A los quince años, cuando planeaba meterme a monja para disimular que me quedaría solterona, un joven me distinguió por allí abajo, sobre el dibujo de la alfombra, y me sonrió.
Creo que le divertía mi aspecto. Me colgué de su cintura y no lo solté hasta cinco años después, cuando por fin aceptó casarse conmigo.
La píldora anticonceptiva ya se había inventado, pero en Chile todavía se hablaba de ella en susurros.
Se suponía que el sexo era para los hombres y el romance para las mujeres, ellos debían seducirnos para que les diéramos la prueba de amor" y nosotras debíamos resistir para llegar "puras" al matrimonio, aunque dudo que muchas lo lograran.
No sé exactamente cómo tuve dos hijos. Y entonces sucedió lo que todos esperábamos desde hacía varios años.
La ola de liberación de los sesenta recorrió América del Sur y llegó hasta ese rincón al final del continente donde yo vivía.
Arte pop, mini-falda, droga, sexo, bikini y los Beattles. Todas imitábamos a Brigitte Bardot, despeinada, con los labios hinchados y una blusita miserable a punto de reventar bajo la presión de su feminidad.
De pronto un revés inesperado: se acabaron las exuberantes divas francesas o italianas, la moda impuso a la modelo inglesa Twiggy, una especie de hermafrodita famélico. Para entonces a mí me habían salido pechugas, así es que de nuevo me encontré al lado opuesto del estereotipo.
Se hablaba de orgías, intercambio de parejas, pornografía. Sólo se hablaba, yo nunca las vi. Los homosexuales salieron de la oscuridad, sin embargo yo cumplí 28 años sin imaginar cómo lo hacen.
Surgieron los movimientos feministas y tres o cuatro mujeres nos sacamos el sostén, lo ensartamos en un palo de escoba y salimos
a desfilar, pero como nadie nos siguió, regresamos abochornadas a nuestras casas.
Florecieron los hippies y durante varios años anduve vestida con harapos y abalorios de la India. Intenté fumar mariguana pero después de aspirar seis cigarros sin volar ni un poco, comprendí que era un esfuerzo inútil.

Paz y amor. Sobre todo amor libre, aunque para mí llegaba tarde, porque estaba irremisiblemente casada.
Mi primer reportaje en la revista donde trabajaba fue un escándalo. Durante una cena en casa de un renombrado político, alguien me felicitó por un artículo de humor que había publicado y preguntó si no pensaba escribir algo en serio. Respondí lo primero que me vino a la mente: sí, me gustaría entrevistar a una mujer infiel.
Hubo un silencio gélido en la mesa y luego la conversación derivó hacia la comida. Pero a la hora del café la dueña de casa -treinta y ocho años, delgada, ejecutiva en una oficina gubernamental, traje Chanel- me llevó aparte y me dijo que sí le juraba guardar el secreto de su identidad, ella aceptaba ser entrevistada.
Al día siguiente me presenté en su oficina con una grabadora. Me contó que era infiel porque disponía de tiempo libre después de almuerzo, porque el sexo era bueno para el ánimo, la salud y la propia estima y porque los hombres no estaban tan mal, después de todo.
Es decir, por las mismas razones de tantos maridos infieles, posiblemente el suyo entre ellos. No estaba enamorada, no sufría ninguna culpa, mantenía una discreta garçonière que compartía con dos amigas tan liberadas cómo ella.
Mi conclusión, después de un simple cálculo matemático, fue que las mujeres son tan infieles como los hombres, porque sino ¿con quién lo hacen ellos? No puede ser solo entre ellos o todos siempre con el mismo puñado de voluntarias.
Nadie perdonó el reportaje, como tal vez lo hubieran hecho si la entrevistada tuviera un marido en silla de ruedas y un amante desesperado.
El placer sin culpa ni excusas resultaba inaceptable en una mujer. A la revista llegaron cientos de cartas insultándonos.
Aterrada, la directora me ordenó escribir un artículo sobre "la mujer fiel". Todavía estoy buscando una que lo sea por buenas razones.
Eran tiempos de desconcierto y confusión para las mujeres de mi edad. Leíamos el Informe Kinsey, el Kamasutra y los libros de las feministas norteamericanas, pero no lográbamos sacudirnos la moralina en que nos habían criado.

Los hombres todavía exigían lo que no estaba dispuestos a ofrecer, es decir, que sus novias fueran vírgenes y sus esposas castas. Las parejas entraron en crisis, casi todas mis amistades se separaron. En Chile no hay divorcio, lo cual facilita las cosas, porque la gente se separa y se junta sin trámites burocráticos.
Yo tenía un buen matrimonio y drenaba la mayor parte de mis inquietudes en mi trabajo.
Mientras en la casa actuaba como madre y esposa abnegada, en la revista y en mi programa de televisión aprovechaba cualquier excusa para hacer en público lo que no me atrevía a hacer en privado, por ejemplo, disfrazarme de corista, con plumas de avestruz en el trasero y una esmeralda de vidrio pegada en el ombligo.
En 1975 mi familia y yo abandonamos Chile, porque no podíamos seguir viviendo bajo la dictadura del General Pinochet.
El apogeo de la liberación sexual nos sorprendió en Venezuela, un país cálido, donde la sensualidad se expresa sin subterfugios.
En las playas se ven machos bigotudos con unos bikinis diseñados para resaltar lo que contienen.
Las mujeres más hermosas del mundo (ganan todos los concursos de belleza), caminan por la calle buscando guerra, al son de una música secreta que llevan en las caderas.

En la primera mitad de los 80 no se podía ver ninguna película, excepto las de Walt Disney, sin que aparecieran por lo menos dos criaturas copulando. Hasta en los documentales científicos había amebas o pingüinos que lo hacían.
Fui con mi madre a ver "El Imperio de los Sentidos" y no se inmutó. Mi padrastro les prestaba sus famosos libros eróticos a los nietos, porque resultaban de una ingenuidad conmovedora comparados con cualquier revista que podían comprar en los kioscos.
Había que estudiar mucho para salir airosa de las preguntas de los hijos (mamá ¿qué es pedofilia?) y fingir naturalidad cuando las criaturas inflaban condones y los colgaban como globos en las fiestas de cumpleaños.
Ordenando el closet de mi hijo adolescente encontré un libro forrado en papel marrón y con mi larga experiencia adiviné el contenido antes de abrirlo.
No me equivoqué, era uno de esos modernos manuales que se cambian en el colegio por estampas de futbolistas.
Al ver a dos amantes frotándose con mousse de salmón me di cuenta de todo lo que me había perdido en la vida. ¡Tantos años cocinando y desconocía los múltiples usos del salmón! ¿En que habíamos estado mi marido y yo durante todo ese tiempo? Ni siquiera teníamos un espejo en el techo del
dormitorio.
Decidimos ponernos al día, pero después de algunas contorsiones muy peligrosas -como comprobamos más tarde en las radiografías de columna- amanecimos echándonos linimento en las articulaciones, en vez de mousse en el punto G.
Cuando mi hija Paula terminó el colegio entró a estudiar Psicología con especializació n en sexualidad humana. Le advertí que era una imprudencia, que su vocación no sería bien comprendida, no estábamos en Suecia.
Pero ella insistió. Paula tenia un novio siciliano cuyos planes eran casarse por la iglesia y engendrar muchos hijos, una vez que ella aprendiera a cocinar pasta.
Físicamente mi hija engañaba a cualquiera, parecía una virgen de Murillo, grácil, dulce, de pelo largo y ojos lánguidos, nadie imaginaría que era experta en esas cosas.
En medio del Seminario de Sexualidad yo hice un viaje a Holanda y ella me llamó por teléfono para pedirme que le trajera cierto material de estudio. Tuve que ir con una lista en la mano a una tienda en Ámsterdam y comprar unos artefactos de goma rosada en forma de plátanos.
Eso no fue lo más bochornoso. Lo peor fue cuando en la aduana de Caracas me abrieron la maleta y tuve que explicar que no eran para mí, sino para mi hija.
Paula empezó a circular por todas partes con una maleta de juguetes pornográficos y el siciliano perdió la paciencia. Su argumento me pareció razonable: no estaba dispuesto a soportar que su novia anduviera midiéndole los orgasmos a otras personas.
Mientras duraron los cursos, en casa vimos videos con todas las combinaciones posibles: mujeres con burros, parapléjicos con sordomudas, tres chinas y un anciano, etc.
Venían a tomar el té transexuales, lesbianas, necrofílicos, onanistas, y mientras la virgen de Murillo ofrecía pastelitos, yo aprendía cómo los cirujanos convierten a un hombre en mujer mediante un trozo de tripa.
La verdad es que pasé años preparándome para cuando nacieran mis nietos. Compré botas
con tacones de estilete, látigos de siete puntas, muñecas infladas con orificios practicables y bálsamos afrodisíacos, aprendí de memoria las posiciones sagradas del erotismo hindú y cuando empezaba a entrenar al perro para fotos artísticas, apareció el Sida y la liberación sexual se fue al diablo.
En menos de un año todo cambió. Mi hijo Nicolás ¡ ya se cortó los mechones verdes que coronaban su cabeza, se quitó sus catorce alfileres de las orejas y decidió que era más sano vivir en pareja monogámica. Paula abandonó la sexología, porque parece que ya no era rentable, y en cambio se propuso hacer una maestría en educación cognoscitiva y aprender a cocinar pasta con la esperanza de encontrar otro novio.

Lo encontró, se casaron y luego vino la muerte y se la llevó, pero esa es otra historia.
Yo compré ositos de peluche para los futuros nietos, me comí la mousse de salmón y ahora cuido mis flores y mis abejas.

Isabel Allende


martes, 7 de octubre de 2008

como ser un buen anonimo :)!

TUTORIAL PARA SER UN BUEN ANÓNIMO
Por: Sanquinolea Malaleche

Han pasado muchas cosas, tengo demasiado para contar, pero iré posteando poco a poco porque lo que tengo que contarles ya tiene un par de meses en borrador asentado en mi mente. Tengo historias para aburrirlos por buen tiempo, cuentos de la corista hambrienta en el aniversario de la universidad, del almuerzo del día del estudiante donde no vi a nuestro querido representante, los chismes del club de fotografía…
Es en fin demasiado lo que se puede decir y a menos que ocurran cosas más interesantes todo lo iré contando… Es cierto que los deje abandonados pero no volverá a pasar, estaré aquí de una forma periódica, escribiendo incisiva, dolorosa, flemática y malaleche.
Pero antes tengo que dejar este post que más que nada debería ser parte de un tutorial de los de Pyro… sin embargo voy a dejarlo yo porque he visto un desempeño fatal del sarcasmo anónimo, del sublime arte de atacar en las sombras, de la guerra de guerrillas… Sí, acertaron, me refiero al blog de Fico donde mis amigas tiene que comentar y que a veces se ve invadido por un novato de la mala sangre que no sabe bien como ser un anónimo que se respete. Me he enterado que una amiga de la clase ya ha creado una matriz para identificarlo o identificarla y se le ha hecho muy fácil, demasiado fácil, descaradamente fácil… ningún anónimo que se respeta puede darse el lujo de no planificar, de no pensar, de no evitar ser descubierto, de sembrar intriga de verdad…
Lamento que este tutorial no haya salido antes para orientar y proteger a este pequeño amateur en el mal y la malaleche… pero antes de que esta muchacha de la clase lo descubra (o la descubra) es imperante que todos conozcan estas recomendaciones.

1.- Para ser un anónimo hay que tener cerebro y saber usarlo

Si tiene algún problema con esto, absténgase. El anónimo debe ser malvado, pérfido, frio, calculador, INTELIGENTE…


2.- Descubra su estilo de escritura y cámbielo por completo

No cometa el error de dejar sus huellas; transfórmese en otra persona al escribir como anónimo, cuide cada palabra y que no se parezca a nada suyo… en especial si también comenta o ha comentado en esa página con su verdadera identidad.


3.- Inculpe a alguien distinto cada vez

Siembre confusión, duda, discordia, si alguien escribe con muchos signos de admiración cópielo… incúlpelo. La próxima vez ponga palabras clave de alguna otra persona… No es recomendable culpar a alguien por mucho tiempo, sea distinto… cree el espectro de no ser una sola persona.


4.- Cambie de víctima

Rótela, tenga unas tres a la mano y destruya una cada semana… nunca ataque a más de una persona por vez, al cabo de tres semanas regresa a la primera y así sucesivamente, puede cambiar el orden para crear más confusión… NUNCA SEA PREDECIBLE.


5.- Sepa escoger a sus víctimas

Personas que interesen, de las que otros comenten… que llamen la atención… Investigue a la víctima, revele sus debilidades, sus puntos débiles, sus vergüenzas… debilítela y destrúyala moralmente de a pocos…


6.-Invente inteligentemente

Si va a atacar inventando o mintiendo, tenga base… escriba como si supiera muchas cosas, con absoluta certeza… siempre dudas sobre la sinceridad de la víctima.


7.-Caiga bien

De argumentos para ganar la empatía del grupo de personas que leerán su anónimo, que se solidaricen con usted, que la victima les parezca salvaje, malvada… justifique el tener que esconderse… hágase la víctima.


8.- Proteste contra usted mismo

Sea sinvergüenza… con su nombre comente contra el anónimo, diga que es una peste, enójese y una vez cada dos meses atáquese anónimamente para que nadie sospeche de usted.


La última recomendación y la más importante es:


9.- Nunca arrepentirse:

Que no le importe que le digan que es una lacra, cobarde, es pura envidia de los que no pueden y no se atreven a hacer lo que usted hace… siga adelante y no se deje descubrir…


Ahora si, están listos mis pequeños aprendices, que el lado oscuro de la fuerza los acompañe…

sábado, 13 de septiembre de 2008

se entra x el desague! XD



X LA CARNERO
como es posible?!, el otro dia me acercaba feliz a la puerta san juan tarde, con las justas llegando a graficadores (como nunca):D y me di con la sorpresa de q no avia puentes y alquilaban lanchas y caballitos de totora en la puerta! XD ajajaj -- oigan ekipo dedse adentro no dejen este blog botado pee :(

sábado, 26 de julio de 2008

Divagaciones cerca de la media noche...

x sangui malaleche
Aquí estoy, resucitada de la gastritis y una hendidura de miocardio. Estamos de vacaciones, benditas sean las vacaciones (ya se me sale la parte de fanática islámica) y me pongo a divagar. Estoy aburrida y sé que se nota, quisiera hacer un ensayo sobre la vacuidad, sobre la carrera, sobre… la verdad no sé, tengo tanto de que escribir y a la vez tan poco: Fiestas Patrias, el País… tal vez debería organizar una votación en el blog, sobre temas de interés… ok estoy perdiendo el norte…
O hacer mi sorteo en soledad y que todo esto quede entre mi almohada, mi bilis y yo… Tal vez es un resultado de la depresión (no de la mía porque Sanguinolea Malaleche no tiene ese tipo de trastornos; pero casi todos a mi alrededor están con algo así), no lo sé. Segundos que van muriendo uno tras otro y que tal vez al unirse formen un minuto de silencio escurridizo; que se abrirá paso en la noche en la que escribo esto y desaparecerá anónimo como testimonio de la nada.
No puede ser, ya me puse a escribir raro, (rostro de horror, tras leer lo que he escrito)… y se preguntará el lector que ha llegado hasta aquí, siguiendo el camino sinuoso que dejan estas letras una tras otra y que no valen la pena para considerarlas en un ensayo de tipografía; qué es lo que quiero decir, a donde quiero llegar, para qué los he traído hasta aquí…
Sólo encuentro una respuesta: para NADA y al fin y al cabo, no es la gran cosa… mis divagaciones no son muy largas y además en la NADA de las divagaciones de Sangui Malaleche cerca de la medianoche, donde las tinieblas no existen a la luz de mi monitor, tal vez alguien se ponga a pensar sus propias divagaciones y se pierda en el insomnio de los pensamientos encadenados que no nos llevan a ningún lugar, pero parecen formar parte de lo mismo… la contemplación de lo que existe parece ligarse y supongo que con el tiempo suficiente todo volverá al inicio en nuestras mentes.
Ya los hice leer demasiado y para ser sincera, ya me dio sueño…
Duerman ustedes también, que mis divagaciones son buen somnífero…

miércoles, 16 de julio de 2008

NuEvO xUpOdRoMo! hahaha ah see!

asi es!se a inagurado un nuevo xupodromo see ahi tu conoces waska q paras de xupa en xupa sangrandote los bolsillos y cn un tufasoo para mas de askeroso, asi es al ladito de la cuca nomas,pide noma tu pilsen trujillo q no es tan wena pero es barata a verr pues prueben esete weko y diganme q tal, prueben este weko vagos q ia empezaron las vacaciones , q tb nos cobran :S.

se me akbaron las ideas? carnero.